No hace tanto conocíamos una maravillosa historia que nos dejó este tiempo de confinamiento. La historia de un padre, una hija y muuuchos disfraces.
Todo empezó una tarde que un padre y una hija decidieron disfrazarse para matar el aburrimiento de las horas y horas en casa… porque ¿qué mejor que un disfraz para divertirse? ;). Él era Olaf y ella Elsa (¿Quién sino…?). Cuando llegó la hora de salir a la calle a tirar la basura el padre decidió bajar enfundado en su disfraz.
Imaginaos la emoción, la alegría y la risa de su niña viéndole desde la ventana.
A partir de entonces, debido a la ilusión que vio en su hija y la alegría que notó en el vecindario, que no paró de aplaudir (aunque esto quizá se debiera a que eran las 8… no sé…🤔), decidió convertirlo en una tradición. Y así, cada día bajaba a la calle disfrazado a tirar la basura. Cuando se permitió salir a los niños a la calle su hija empezó a acompañarle.
Para quién no conozca la historia puede leerla en este enlace y ver los divertidos videos.
Nos parece una historia preciosa. Y, sobre todo, nos parece una historia que representa a la perfección lo que para nosotros y mucha gente más es un disfraz.
Un disfraz es evasión
Nos metemos en un disfraz y nos olvidamos de la realidad, de nuestra realidad.
De repente no somos una familia metidos en una casa, somos guerreros defendiendo un castillo de los terribles coronavirus…
Un disfraz es imaginación
Deja volar toda tu fantasía. Sueña…
¿Crees que esas cancioncitas que te echas en la ducha te podrían llevar al estrellato?
Un disfraz es libertad
Siéntete libre de ser quien deseas. De demostrar lo que sientes. Lo que quieres.
¡Grítalo fuerte con tu disfraz!
¡Viva Méjico c****nes!
¡El papel higiénico está sobrevalorado!
Lo dicho, desde el Rey del Carnaval te hacemos una recomendación de corazón. Disfrázate porque un disfraz es muchísimo más que unos trozos de tela. Confía en nosotros 😉